
Yo no tengo estrategias con los tipos. Nunca las tuve. No me salen naturalmente. Las fuerzo o las esfuerzo. Evidentemente, tengo un problema con esto de las tácticas. Si las tuviera y me dieran resultado como al resto de las minas, quizás, me hubiera ido mejor con los machos, como ellas les dicen. Pero me fue mal. La última vez que quise hacer algo bueno, la presa salió para el otro lado. Para el costado opuesto. Para abajo del pulgar de la mano izquierda. Para el "tire" del "empuje" de la puerta. Cada vez que quise enamorar, no sé cómo, pero terminé embarrada. Con la mirada llorosa y con el cuello metido dentro de una pelopincho inundada de basura. Debería intuírlo. No sirvo para las estrategias.Mis amigas saben. Ellas saben de este problema. Lo padecen. Las altera. Me dan consejos. Pobres. Porque soy, indefectiblemente, de esa clase de "chicas" que hacen todo lo que "no tienen que hacer" con los hombres. ¿Cómo regalaste eso? ¿Cómo pudiste llamarlo con lo que te hizo? ¿Vos sos tonta? Mis amigas me quieren patear las piernas a veces. Para que aprenda. O sea. Soy un pato criollo en eso del amor. No soy como esas muchachistas que lo tratan con cariño, que no quieren manipularlo, que no intentan hacer historias por todo.Y entre copetín y copetín, alguna vez, hablamos de esto. De esto que nos pasaba. ¿Qué nos pasaba? Eso de estar solas. Estar buscando o esperando. En su caso o en el mío.Sola.Completamente sola. Sola. Mirando al frente, con una mano en el cuore y el rimmel Revlon en mis propias pestañas me digo: Antes muerta que sencilla.

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